Debemos reconocer que no es de hecho simple vivir una vida contemplativa, y todavía menos en nuestros tiempos. No podemos dar por descontado que somos capaces de hacerlo, es más, diría casi lo contrario: el dato de partida es que no somos capaces de hacerlo. Si nos limitásemos a reconocer esto, estaríamos en un buen punto de nuestro camino ¿Por qué no es fácil ser contemplativos? Porque no se trata simplemente de observar un horario de oración, sino de afrontar un camino de transformación de la persona, que es largo, lento y a veces supone un crucificarse. Si faltan la paciencia de esperar, la libertad de cambiar y el valor de renunciar a un estilo de vida cuyo objetivo es la búsqueda de nuestro confort personal, no vale la pena ni siquiera comenzar

Elementos primordiales de nuestra vocación

  1. Abrazamos la vida religiosa “en obsequio de Jesucristo”, apoyándonos en el común destino, la imitación y el patrocinio de la Virgen María.
  2. Nuestra vocación es fundamentalmente una gracia, que nos impulsa, en una comunión fraterna de vida, a la misteriosa unión con Dios.
  3. Estamos llamados a la oración, que, alimentada con la escucha de la Palabra de Dios y la liturgia, nos conduce al trato de amistad con Dios, no solo cuando oramos, sino cuando vivimos.
  4. Pertenece al mismo ser de nuestro carisma penetrar de celo apostólico la oración y toda la vida consagrada.
  5. Desde nuestra vida de oración y contemplación colocar al servicio de la Iglesia nuestro apostolado.
  6. Edificar nuestra vida sobre el cimiento de la abnegación evangélica.